Hay dos tipos de personas en este mundo: las que creen que una presentación necesita 58 diapositivas llenas de texto y las que tienen alma.
Si estás en el primer grupo, no te preocupes. Este post es para ti.
Y si estás en el segundo… quédate, que igual puedes reenviar esto a tu jefe. 🫣

  1. Demasiado texto. Demasiado todo.

No hace falta que conviertas cada slide en una enciclopedia. Una buena presentación no debe contarlo todo, debe sostener y amplificar lo que tú estás diciendo.
Recuerda: la audiencia debe mirarte a ti, no leer como si estuviera estudiando para un examen.

  1. Diseño digno de 2004

El fondo azul eléctrico, el WordArt amarillo y las transiciones tipo cubo giratorio, pasaron de moda hace 20 años. No es nostalgia, es un atentado visual.
Usa tipografías limpias, imágenes de calidad y no mezcles más de dos colores principales.

  1. No adaptas tu presentación al público

Hablar igual a una clase de instituto, a un comité técnico y a tu madre es el camino rápido al bostezo colectivo.
Antes de abrir PowerPoint, piensa: ¿Quién te escucha? ¿Qué espera? ¿Qué le interesa?
La buena comunicación empieza mucho antes del primer slide.

  1. Abusas de datos sin contexto

Un gráfico puede ser tu amigo o tu peor enemigo. Si lo lanzas sin explicar el porqué ni el para qué, solo consigues una audiencia perdida y deseando que aparezca la siguiente slide.
Cada dato debe tener su historia. Si no aporta, estorba.

  1. Le hablas al PowerPoint (en vez de al público)

Si das la espalda al público para leer lo que aparece en pantalla, tu presentación ha muerto.
Estás ahí para conectar, convencer o emocionar. Y eso no lo hace una diapositiva por ti.

Una buena presentación es como una buena serie: engancha desde el principio, no aburre con relleno y deja con ganas de más.

Recuerda: si tu PowerPoint tiene más palabras que un podcast de Iker Jiménez, igual es hora de darle una vuelta.