No todo es IA. También necesitas pensar

La inteligencia artificial está en todas partes. Se utiliza para hacer informes, responder correos, generar ideas de campaña, escribir titulares, planificar estrategias y, cómo no, para crear contenidos. Todo el mundo quiere usar la IA. Y casi todas las marcas ya lo hacen. El problema es que muchas veces se usa sin ninguna estrategia ni intención previa. Cada vez es más frecuente encontrarse con notas de prensa, posts en redes o artículos corporativos que apestan a IA desde lejos. Textos con estructura correcta, tono neutro, frases amables… y cero alma. Contenidos que no dicen nada malo, pero tampoco dicen nada bueno. Ni distinto. Ni reconocible. Y eso, en comunicación, es letal. Como explica Ann Handley, “la IA puede ayudarte a escribir, pero no puede ayudarte a saber qué decir”. Y ahí está la raíz del problema: muchas marcas están generando textos sin haber hecho primero el trabajo de pensar. De definir su tono. Su enfoque. Su criterio. Sin estrategia (quizás sea la palabra que más usamos en Aldabea Comunicación). La consecuencia es una avalancha de mensajes intercambiables. Cuentas de Instagram que suenan todas igual. Webs corporativas clonadas. Notas de prensa que podrían haber escrito robots… y que, de hecho, lo han hecho. Según el Informe AI Hype Cycle 2024 de Forrester, el 40 % de las aplicaciones de IA en contenidos tienen un valor “cosmético o superficial”, usado más por presión que por convicción. Y lo peor es que, lejos de mejorar la eficiencia, eso está afectando a la percepción de marca y agotando la atención del público. Lo confirma también el MIT Technology Review: muchas organizaciones están aplicando IA “por defecto”, sin un marco de estrategia ni voz propia, generando ruido en lugar de impacto. Y por si fuera poco, como documenta Harvard Business Review, este tipo de automatización mal dirigida desmotiva a los equipos de comunicación, que ven cómo su trabajo se sustituye por prompts pobres que luego hay que revisar, corregir o desechar. ¿Significa esto que no debamos usar IA para generar contenidos? Para nada. Significa que no podemos delegar en la máquina lo que la marca aún no ha definido. Si no sabes a quién hablas, cómo te expresas o qué valor aportas… da igual si lo redactas tú o una IA. El vacío será el mismo, pero más rápido. Como advierte el AI Index Report 2024 de Stanford, el reto no es solo usar IA, sino usarla de forma intencionada y con criterio humano: supervisión, ajuste, pensamiento previo y revisión posterior. La herramienta puede ser buena. Pero la voz sigue siendo tuya. Usar IA sin estrategia es como meter todos los ingredientes en una batidora y esperar una lasaña. Puedes llamarlo “innovador”, pero sigue sin tener ningún sentido. No es que la IA haga mal su trabajo. Es que tú no has hecho el tuyo antes de usarla.

Propósitos de año nuevo para marcas: menos listas, más estrategia

Enero llega con ganas. Con fuerza. Con listas. Muchas listas. Y no solo en lo personal: también las marcas se suman al ritual del “este año sí”. Publicar más en redes. Hacer vídeo. Rediseñar la web. Abrir ese canal que “hay que tener”. Invertir en publicidad. Mejorar el engagement. Sacar newsletter. Y, ya que estamos, cambiar el logo (otra vez). Spoiler: el 60 % de esos propósitos se quedarán en el cajón de “cuando tengamos tiempo”. Y no pasa nada… si al menos hemos aprendido a priorizar. Porque los buenos propósitos no son listas. Son decisiones. Como señala Seth Godin, una marca no necesita propósitos. Necesita claridad: saber quién es, a quién habla y qué quiere que pase como resultado de su comunicación. Todo lo demás (formatos, frecuencia, canales) viene después. Sin esa base, todo propósito se convierte en ocurrencia. La hiperactividad digital no es estrategia. De hecho, puede convertirse en ruido si no está bien alineada con tus objetivos. Según el Informe Anual de Marketing 2025 de Nielsen, los responsables de marketing que priorizan menos canales pero mejor segmentados logran mejores resultados y mayor claridad estratégica. “Del caos a la claridad” es, precisamente, el lema del informe. Hacer más contenido no es un buen propósito. Comunicar con más sentido y estrategia, sí. Estar en más redes no es una meta. Estar mejor donde importa, sí. Y si uno de tus objetivos este año es mejorar tu estrategia de comunicación, empieza por esto: deja de actuar por inercia. Deja de mirar lo que hacen los demás. Y empieza a preguntarte si lo que tú haces… tiene algo que ver contigo. Además, como recuerda el Meaningful Brands 2024 Global Report de Havas, el 72 % de los consumidores esperan que las marcas sean una fuente activa de inspiración y progreso, y no solo de contenido bonito. Es decir: quieren marcas útiles, honestas y coherentes. No marcas que cada enero prometen reinventarse… y cada marzo vuelven al mismo “copiar y pegar”. Y no todo tiene que ver con las redes o el diseño. A veces, el mejor propósito de año nuevo es interno: mejorar la coordinación entre departamentos, definir un buen protocolo de crisis, afinar tu voz de marca, escuchar más a tus clientes o establecer una frecuencia realista de publicación. Todo eso también es comunicación. Y suele ser lo que más impacto tiene. Lo decía Ann Handley: “No necesitas más contenido. Necesitas mejor contenido. Que diga algo. Que refleje lo que eres. Que no parezca hecho para un algoritmo, sino para una persona”. Y para eso, hace falta menos propósito genérico y más foco real. Así que sí: hazte propósitos. Pero no para colgarlos en la pizarra y olvidarlos en marzo. Hazlos accionables, realistas y, sobre todo, alineados con lo que eres. Porque una marca sin foco no necesita más propósitos. Necesita menos ruido. Los propósitos de año nuevo no fallan por falta de ganas. Fallan por falta de criterio y de constancia. Y sí, también aplica a tu plan de contenidos.

Cuidado con el ‘estamos trabajando en ello’: prometer sin comunicar es comunicar mal

Hay frases que no dicen nada, pero lo dicen todo. Una de ellas es: “Estamos trabajando en ello”. Aparece en comunicados, ruedas de prensa, newsletters de empresa y administraciones e, incluso, en perfiles de marca que llevan meses prometiendo cambios o acciones que nunca llegan. Y lo peor: parece una estrategia de comunicación… pero en realidad es solo una pausa incómoda que puede arruinar tu imagen. En un mundo donde todo compite por atención, mantener a tu público esperando con promesas vagas es contraproducente. La transparencia no significa contar todos los detalles desde el minuto uno, pero sí saber cómo gestionar las expectativas. Y eso incluye comunicar lo que sí puedes contar, no esconderte tras fórmulas genéricas que no aportan nada. Como explican desde Think with Google, en tiempos de incertidumbre o transición, las marcas que comunican con claridad y humildad generan más confianza que las que posponen todo con promesas vacías. “Estamos trabajando en ello” puede ser un punto de partida. Pero no puede ser el mensaje entero. Si hay retrasos, explicalo. Si hay cambios de enfoque, dilo. Si hay incertidumbre, compártela (hasta donde tenga sentido).  Porque comunicar no es solo publicar cuando tienes buenas noticias: también es saber gestionar el mientras tanto. Y no solo hablamos de grandes empresas o instituciones. También aplica a marcas personales, pequeñas compañías, grupos políticos o incluso proyectos creativos.  Si llevas meses diciendo que “pronto lanzamos algo”, quizá es hora de reformular el mensaje. Porque, como dice Contently, “la confianza no se pierde solo cuando algo sale mal, sino también cuando no se dice nada”. «‘Estamos trabajando en ello’ funciona una vez. La segunda ya suena a excusa. Y la tercera… a gobierno en funciones.»    

Diseñar no es decorar: el valor (real) del diseño gráfico

En la era del “hazlo tú mismo”, donde existen miles de plantillas gratuitas y cualquier persona puede montar una publicación en cinco minutos, parecería que el diseño gráfico ha perdido su valor. Total, ¿para qué pagar por algo que puedes hacer tú con un rato de Canva y una tipografía divertida? La respuesta es sencilla: porque diseñar no es decorar. Y porque comunicar bien sigue siendo una cuestión de estrategia, no de filtros bonitos. El diseño gráfico profesional no es solo una cuestión estética. Es una herramienta de comunicación visual que estructura la información, ordena el mensaje y refuerza la identidad de una marca. Como explica la AIGA (la asociación profesional de diseñadores gráficos más importante del mundo), el diseño no se limita a “hacer que algo se vea bien”, sino que debe “resolver problemas, facilitar decisiones y mejorar la experiencia del usuario”. Pero en tiempos de inmediatez, parece que lo importante es que algo funcione rápido. Las marcas caen fácilmente en la trampa de lo genérico, lo cómodo, lo que ya viene hecho. Una plantilla de Instagram con el mismo estilo que usan otras 15.000 cuentas. Un cartel para un evento que, con suerte, se entiende si lo miras durante más de 6 segundos. El diseñador profesional aporta criterio. Conoce las reglas visuales, la jerarquía de la información, la psicología del color, el equilibrio tipográfico, el ritmo de la composición. Y, sobre todo, conoce el contexto. Porque no se trata solo de “hacer bonito”, sino de saber qué decir, cómo decirlo y en qué momento hacerlo. Como recuerda el estudio español Toormix, “el buen diseño no solo mejora lo que se ve, mejora también lo que no se ve: los procesos, las decisiones, la claridad”. El buen diseño es invisible cuando funciona. Pero se nota (y mucho) cuando falta. Además, confiar en diseñadores no es solo una cuestión de calidad. Es una cuestión de diferenciación. En un mercado saturado de contenido visual, la forma también comunica. Si tu marca se parece a todas, probablemente será ignorada como todas. Y eso, a medio plazo, cuesta más que pagar un buen diseño. Por supuesto, herramientas como Canva, Figma o Adobe Express democratizan el acceso al diseño. Son útiles, prácticas y necesarias en muchos casos. Pero no sustituyen al diseñador. Igual que tener una sartén no te convierte en chef, tener acceso a una plantilla no convierte tu mensaje en memorable.  

Cuidado con el PowerPoint: 5 errores que arruinan tu presentación (y cómo salvarla)

Hay dos tipos de personas en este mundo: las que creen que una presentación necesita 58 diapositivas llenas de texto y las que tienen alma.Si estás en el primer grupo, no te preocupes. Este post es para ti.Y si estás en el segundo… quédate, que igual puedes reenviar esto a tu jefe. 🫣 Demasiado texto. Demasiado todo. No hace falta que conviertas cada slide en una enciclopedia. Una buena presentación no debe contarlo todo, debe sostener y amplificar lo que tú estás diciendo.Recuerda: la audiencia debe mirarte a ti, no leer como si estuviera estudiando para un examen. Diseño digno de 2004 El fondo azul eléctrico, el WordArt amarillo y las transiciones tipo cubo giratorio, pasaron de moda hace 20 años. No es nostalgia, es un atentado visual.Usa tipografías limpias, imágenes de calidad y no mezcles más de dos colores principales. No adaptas tu presentación al público Hablar igual a una clase de instituto, a un comité técnico y a tu madre es el camino rápido al bostezo colectivo.Antes de abrir PowerPoint, piensa: ¿Quién te escucha? ¿Qué espera? ¿Qué le interesa?La buena comunicación empieza mucho antes del primer slide. Abusas de datos sin contexto Un gráfico puede ser tu amigo o tu peor enemigo. Si lo lanzas sin explicar el porqué ni el para qué, solo consigues una audiencia perdida y deseando que aparezca la siguiente slide.Cada dato debe tener su historia. Si no aporta, estorba. Le hablas al PowerPoint (en vez de al público) Si das la espalda al público para leer lo que aparece en pantalla, tu presentación ha muerto.Estás ahí para conectar, convencer o emocionar. Y eso no lo hace una diapositiva por ti. Una buena presentación es como una buena serie: engancha desde el principio, no aburre con relleno y deja con ganas de más. Recuerda: si tu PowerPoint tiene más palabras que un podcast de Iker Jiménez, igual es hora de darle una vuelta.

Síndrome postvacacional y otros monstruos del marketing

Síndrome postvacacional: Cómo volver a comunicar tras el verano. Septiembre es ese mes raro en el que aún tienes arena en los zapatos, pero ya estás de vuelta entre reuniones, cafés fríos y calendarios editoriales en blanco. Después del parón veraniego, muchas marcas (y equipos de comunicación) se enfrentan a la misma pregunta: ¿y ahora qué contamos? No es solo una cuestión de retomar el ritmo, sino de relanzar la estrategia con energía, coherencia… y algo de gracia, que para drama ya están las noticias. Haz limpieza y vuelve con foco Antes de ponerte a publicar a lo loco, toca revisar. ¿Qué ha funcionado antes del verano? ¿Qué redes merecen más mimo y cuáles menos? Según HubSpot, las marcas que auditan su contenido trimestralmente aumentan su tasa de engagement hasta un 25 %. No se trata de empezar de cero, sino de reconectar con lo que mejor te funcionó. Planifica (sin obsesionarte) Una buena planificación editorial puede marcar la diferencia. La clave está en encontrar el equilibrio: ni improvisación total ni rigidez absoluta. Buffer recomienda trabajar con bloques de contenido evergreen (útiles todo el año) e ir adaptando según lo que pase. Septiembre es un buen momento para diseñar campañas que duren hasta final de año… o al menos hasta el puente de octubre. No ignores lo que pasa ahí fuera Temas como la vuelta al cole, el cierre de trimestre o incluso los buenos propósitos de septiembre (que duran lo que duran) son oportunidades para conectar con tu audiencia desde lo emocional o lo práctico. Según un informe de Hootsuite, las publicaciones con referencias temporales (fechas, eventos, momentos del año) tienen un 32 % más de interacción. Recupera el tono (y la audiencia) Después de un tiempo sin publicar, es fácil perder la conexión con la audiencia. Un truco: recupera el tono habitual con una publicación cercana, incluso algo desenfadada. No es momento de grandes anuncios, sino de retomar el hilo de la conversación. Como decía aquel: empieza por un “hola, ¿cómo estáis?” y ya veremos. Hazlo sencillo (pero hazlo) Volver cuesta, lo sabemos. Pero si no relanzas tu comunicación, otros lo harán por ti. Así que empieza simple: un resumen del verano, una novedad, una reflexión, un consejo útil. Lo importante no es que sea perfecto, es que vuelva a moverse.   Y si nada de esto funciona, siempre puedes empezar con un post que diga: “Hemos vuelto. No sabemos muy bien cómo, pero aquí estamos”. Spoiler: suele funcionar.

Cuando todo se viene abajo: cómo actuar ante una crisis de reputación en redes

Ninguna marca está a salvo. Una mala decisión, una respuesta mal interpretada, un cliente insatisfecho con muchos seguidores… y, de pronto, tu marca está en el centro del huracán. En redes sociales, las crisis se propagan más rápido que un meme viral, pero también pueden gestionarse con cabeza (y estrategia). Respira antes de responder Responder en caliente es el peor consejo que puedes seguir. Tómate un momento para evaluar qué está pasando, qué se está diciendo, quién lo dice y qué impacto real está teniendo. Monitorea y analiza Utiliza herramientas como Mention, Hootsuite o Brandwatch para seguir la conversación en tiempo real. ¿Es una queja aislada? ¿Una ola de críticas? ¿Un ataque organizado? Saberlo cambia totalmente tu estrategia. Reconoce, si toca Si ha habido un error, reconocerlo con humildad suele funcionar mejor que ocultarlo. Según un estudio de Sprout Social, el 85 % de los usuarios valora más la transparencia que la perfección. Comunica, pero con cabeza Hazlo desde tu canal oficial, con un mensaje claro, corto y empático. No uses tecnicismos. No te justifiques en exceso. No alimentes el fuego. No borres (salvo que sea ilegal o insultante) Eliminar comentarios negativos a menudo se interpreta como censura. Modera, pero no silencies. Y responde solo si puedes aportar algo útil. Refuerza tu comunidad En tiempos de crisis, los aliados fieles son oro puro. Si has construido una comunidad sólida antes, ahora puede salir en tu defensa. Si no… ya sabes por qué deberías empezar a cuidarla desde hoy. Aprende para la próxima Después de la tormenta, toca evaluar: ¿qué falló? ¿Qué funcionó? ¿Qué puedes mejorar para la próxima vez (porque sí, habrá otra)? Una buena crisis mal gestionada te puede perseguir durante años. Una bien resuelta, puede incluso reforzar tu marca. Porque en redes, como en la vida, no se trata de no equivocarse… sino de saber rectificar y pedir perdón a tiempo, con un poco de gracia y sin bloquear a nadie. O, dicho de otro modo: No finjas que no ha pasado.No eches la culpa al becario.No borres los comentarios.No subas un perrito para distraer. Respira. Responde. Reconstruye.(Y si todo falla… al menos que no te pillen sin plan).

Cómo encontrar el tono de voz de tu marca (y mantenerlo)

Entre tanto ruido digital, tu marca no necesita gritar. Necesita una voz. Y no cualquiera: la suya. Esa que suena auténtica, reconocible y coherente. Esa que hace que, aunque no se vea el logo, todo el mundo sepa que eres tú. Tener una voz propia no es lo mismo que tener un manual de estilo. No va solo de escribir con puntos y comas bien puestos. Va de tono, de actitud, de personalidad. Va de sonar siempre igual, aunque hables de cosas distintas. La clave está en ser coherente sin ser aburrido, y ser reconocible sin resultar predecible. ¿Cómo se consigue? Define quién eres (de verdad) ¿Eres una marca cercana o técnica? ¿Formal o con chispa? ¿Inspiradora o contundente? No puedes sonar a todo. Elige bien y sé fiel a ello. Piensa como tu audiencia La voz no es solo lo que tú quieres decir, sino cómo lo entenderán los demás. Usa su lenguaje, pero no fuerces lo que no eres. Se nota. Aunque te adaptes al medio, intenta mantener el tono en todos los canales Tu web, tus redes, tus emails, tus vídeos… todo debe sonar a lo mismo, auqnue sea con los matices que cada canal requiere. Como si fuera siempre la misma persona la que habla. Si cambias completamente de tono según el medio, desconciertas. Pon ejemplos, metáforas, referencias Una voz propia se construye también con imágenes, comparaciones, estilo. No se trata de ser literario, sino de tener una forma tuya de contar las cosas. Escucha y adapta, sin perderte La voz evoluciona, pero no cambia radicalmente. Puedes matizar, simplificar, refrescar… pero sin que dejes de ser tú. Crea una pequeña guía interna No hace falta un tochazo. Basta con algunas frases clave que resuman cómo debe sonar tu marca y cómo no. Ahorra dudas y alinea a tu equipo. Tu marca puede ser elegante como una ópera o directa como un WhatsApp de tu cuñado. Pero lo importante es que no cambie de personalidad cada vez que publica algo. Porque si un día eres Shakespeare y al siguiente eres un meme… la gente no sabe si comprarte o mandarte al grupo de los vecinos.

Cuando no tienes nada que contar, cuenta algo útil

Incluso las marcas con estrategia más sólida se bloquean ante el calendario de contenido. ¿Qué publicar cuando no tienes ninguna novedad? Pasa más de lo que imaginas. Y, como explican varios expertos, no necesitas inventar algo nuevo cada vez: lo importante es ser constante, útil y auténtico. Reutiliza lo que ya has hecho Según MarqueBerry, revisar y volver a compartir tu mejor contenido (añadiendo perspectiva actualizada o una narrativa diferente) suele funcionar tan bien como crear algo nuevo. ¿Un post o vídeo que obtuvo mucho alcance hace seis meses? Dale una nueva vuelta visual o cambia el caption y vuelve a lanzarlo. Responde preguntas frecuentes de tu audiencia Transforma las dudas más comunes que recibes (por email, llamadas o redes) en contenido valioso: FAQs, mini tutoriales o posts esclarecedores. Esto no solo aporta información útil, también muestra que escuchas a tu audiencia. Enseña el backstage. Mostrar cómo trabajas, cómo preparas una campaña o incluso el rincón desde el que tu equipo habla al mundo humaniza tu marca. Compartir momentos behind-the-scenes genera confianza y cercanía. Publica consejos rápidos y útiles. Los bite-sized tips, consejos directos y aplicables, funcionan genial para mantener el feed activo. Según Influencer Marketing Hub, los usuarios adoran el contenido que aporta valor inmediato sin mucho diseño ni pretensiones. Reactiva tu mejor contenido. Sociaale recomienda revisar qué publicaciones anteriores funcionaron mejor y recrearlas cambiando formato o enfoque: convierte un post en reel, una trivia en encuesta, un testimonial en vídeo… Haz preguntas o encuestas. También puedes involucrar directamente a la audiencia haciendo preguntas simples o encuestas rápidas. Genera interacción sin necesidad de tener “noticias” que compartir. Clasifica contenido evergreen. Queda guay decirlo en inglés, pero es la nevera de toda la vida. Sociaale también recomienda tener contenido atemporal preparado, que puedas reutilizar en cualquier momento del año. Ayuda a mantener visibilidad constante sin depender de eventos o novedades.   O, si prefieres una alternativa: publica una receta de croquetas. Nadie se queja de una buena croqueta

Menos filtros, más historias: así conecta un buen videopodcast

En pleno auge de contenidos digitales, los videoblogs o videopodcasts se han consolidado como una de las formas más efectivas de comunicar. Estudios recientes confirman que este formato, que combina imagen y voz, genera conexiones emocionales más profundas y fideliza audiencias con contenido auténtico y cercano. Según el Reuters Institute Digital News Report 2024, más del 40 % de los usuarios de Internet en España escuchan podcasts. Y si nos vamos a las plataformas, Spotify y YouTube han apostado fuerte por este formato, permitiendo no solo escuchar, sino también ver, comentar y compartir. ¿Y por qué funciona tan bien este formato? Porque humaniza. Frente al contenido de redes más fugaz o superficial, los podcasts permiten desarrollar ideas, contar historias con calma y generar confianza. Y si además sumas el vídeo, como ocurre con los videopodcasts, el vínculo es aún mayor: la mirada, los gestos, el entorno… todo suma. Desde la consultora Watchity explican cómo un videopodcast no solo transmite información, sino también emociones, valores y personalidad. Ver a los anfitriones hablando directamente a cámara, con gestos y expresiones reales, crea un vínculo más humano e inmediato con el público. Además, mejora el SEO audiovisual y amplía el alcance orgánico en plataformas como YouTube. Y es que, como recuerda el informe State of Podcasting 2024 de Podnews, las audiencias buscan autenticidad, no perfección. Y si consigues que te escuchen durante 30 o 40 minutos, el nivel de conexión es mucho mayor que el de cualquier otro canal digital. Un buen ejemplo es Vino para charlar, un videopodcast que hemos creado con la colaboración de nuestros amigos de Bodegas Arriezu. En cada episodio, una copa de vino en la mesa y una conversación sin prisa con personajes como Leopoldo López, Agustín Laje u Ousmane Umar… y muchos más. El resultado: contenido auténtico que ya está funcionando muy bien en YouTube y redes sociales. Y no solo por el nivel de los invitados, sino por el formato en sí. Eso sí, no se trata solo de encender una cámara y hablar. Hay que tener algo interesante que decir, cuidar el sonido, el ritmo, el entorno, la edición… Pero si lo haces bien, puede convertirse en una herramienta potentísima para conectar con tu público. El beneficio para las marcas también es evidente: los videopodcasts no solo generan contenido atractivo y compartible, sino que también posicionan. Permiten asociarse con valores como la autenticidad, el pensamiento crítico o la cercanía. Dan visibilidad sin sonar a anuncio. Y lo mejor: si aportas valor, la gente se queda contigo, te escucha, te recuerda… y te recomienda. Así que ya sabes: si tienes algo que contar, deja de dar la brasa por stories y siéntate a charlar con calma. Un micro, una cámara… y una buena copa (opcional, pero recomendable). Porque en tiempos de scroll infinito, escuchar —y ser escuchado— se ha convertido en un superpoder.Y si además lo grabas bien… igual hasta te haces viral.O mejor: relevante.